
La historia de Corea del Sur podría parecer una fábula. Un país que en 1953 tenía un desarrollo comparable al de Afganistán y se encontraba arrasado por la guerra, convertido hoy, gracias al milagro de la educación, en la decimoquinta economía del planeta, con una industria electrónica y automotriz que invadió el mundo, el primer puesto en internet de banda ancha y cuyo producto interno bruto por habitante creció hasta llegar alrededor de 30 mil dólares al año. Todo con una población equivalente a la colombiana y sin contar con recursos naturales estratégicos como hierro o petróleo.
Sobran razones para decir que en la Fundación Terpel estamos convencidos de que un suceso así puede ocurrir en Colombia y sabemos que los próximos años serán determinantes para el futuro del país, grandes oportunidades y desafíos están a la orden del día y una gran responsabilidad caerá sobre los hombros de las nuevas generaciones. Por esta razón, la Fundación Terpel, como un aliado del país cuyo objetivo principal es contribuir al fortalecimiento de la calidad educativa, emprendió desde hace varios años una labor focalizada en facilitar el acceso de los jóvenes a la educación superior y en mejorar la calidad escolar que reciben los niños en cada rincón de nuestra nación.
Sabemos que para materializar los sueños es preciso diseñar una estrategia, trabajar ardua y disciplinadamente, tener metas claras y contar con el tiempo necesario para alcanzarlas. Por eso, en la Fundación Terpel hemos construido una estrategia que implementa programas de alto impacto, encaminados a desarrollar competencias básicas en liderazgo, matemáticas y lenguaje para niños y jóvenes en condición de vulnerabilidad.
Estamos convencidos que trabajando desde el alma podemos cambiar radicalmente la realidad de estos niños y jóvenes. Apostamos porque esos pequeños cambios, puestos en cadena, generarán el cambio que nuestra nación requiere con urgencia. Una revolución educativa que permitirá el crecimiento económico, la equidad social y el desarrollo para nuestro país, pero que más allá de todo esto, formará una nueva generación de colombianos líderes que jalonarán y harán sostenible este sueño en donde continuaremos presentes en todas las regiones de Colombia. 53 mil colombianos influidos por esta labor dan fe de nuestro compromiso el año pasado. En 2013 continuaremos trabajando con la mirada en el futuro y apostando por formar una nueva generación de colombianos líderes y competitivos. Ejemplos vivos como el de Corea del Sur nos señalan el camino y nos hacen creer que a través de la educación estos cambios son posibles.
Silvia Madriñán













